ORIGEN DE LAS RUNAS


Durante nueve días el dios nórdico Odín cuelga de Yggdrasil, el árbol de mundo. Cuelga de allí, sacrificado él mismo a sí mismo. Sin comida ni agua, profundamente herido por su propia lanza, soporta las largas noches en el árbol. No es un intento de salvar al hombre de sus pecados. No se está sacrificando a sí mismo para redimir a un mundo pecaminoso. Cuelga del árbol por su propia y libre Voluntad. La imagen nórdica del mundo no incluye la creencia en un pecado original del que el hombre ha de ser salvado. La tradición nórdica no enfatiza a ningún mesias. Hay otras motivaciones tras el sacrificio de Odín. Cuelga de allí por su propio provecho, para ganar sabiduría y poder, en su búsqueda de los mayores secretos del universo, los secretos que atrapa de las profundidades en un grito de éxtasis.

Odín no es un mesías. Es, en muchos aspectos un dios demoniaco y oscuro, temido por la mayoría de los hombres. Pero es un modelo a seguir- A través de su pertinaz búsqueda de conocimiento y poder podemos aprender los secretos conocidos sólo por él. Odín puede devenir nuestro profesor e iniciador. No nos salvará de ningún pecado. Pero su camino revelará una iniciación mágica de conocimiento y poder. Puede enseñarnos como salvarnos a nosotros mismos de la debilidad y la incertidumbre. Él nos puede mostrar los secretos de las runas.

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